Ezequiel “Pocho” Lavezzi, futbolista formado en las divisiones de ascenso de Estudiantes de Buenos Aires, alcanzó la élite del deporte al brillar en Napoli y París Saint-Germain, además de consagrarse subcampeón del mundo con la Selección Argentina en Brasil 2014. Sin embargo, tras su retiro, enfrentó un cuadro profundo de depresión vinculado al abuso del alcohol y otras adicciones. Tocó fondo, fue hospitalizado y logró recuperarse gracias al apoyo de su familia y el nacimiento de Vittorio, su segundo hijo. “Llegó en un momento difícil de mi vida, me ayudó a salvarme. Me está enseñando una nueva forma de ser padre”, confesó en una reciente entrevista con un medio italiano, donde también ofreció un mensaje de esperanza.

En diálogo con el diario italiano Corriere della Sera, Lavezzi repasó su estado de salud, el episodio que lo llevó a ser internado el pasado verano en Uruguay y recordó su trayectoria en el fútbol.
A fines de 2023, el exdelantero debió ser hospitalizado en una clínica de Uruguay tras un confuso incidente ocurrido en su casa de José Ignacio, donde terminó lesionado. Posteriormente, inició un tratamiento en centros especializados en salud mental y recién volvió a mostrarse en público. “Sentí una profunda inquietud, experimenté oscuridad. Me hacía daño a mí mismo, y también a mis seres queridos. Alternaba entre depresión y ataques de ansiedad. Nunca estaba lúcido, mi mente estaba llena de pensamientos negativos”, reveló.
Consultado sobre los múltiples rumores que circularon en torno a su situación, Lavezzi admitió que lo afectaron, pero que él fue el único que realmente sabía lo que estaba atravesando. “Había tocado fondo y ya no soportaba verme así. Gracias al apoyo de mi esposa y mi familia, me puse en manos de psicólogos y especialistas. Mi proceso de recuperación no terminó todavía. Mi consejo para quienes padecen lo mismo es que pidan ayuda”, afirmó con firmeza.
Al rememorar esos meses, el exfutbolista expresó sentir orgullo por haber aceptado y enfrentado sus fragilidades, además de gratitud, ya que esa experiencia lo transformó en una persona más consciente y madura. “A veces no podés conocer la luz sin haber visto la oscuridad”, reflexionó.
Respecto a su retiro prematuro, a los 34 años en 2020, aseguró no extrañar el fútbol. “Siempre será mi mejor amigo, pero ahora estoy bien con eso”, aclaró. Sobre su decisión de alejarse, manifestó: “Estaba cansado, sentía que era hora de parar y quería hacerlo mientras aún estaba en mi mejor nivel. Fue un gesto de respeto hacia el fútbol. El fútbol me salvó”.
Lavezzi también rememoró su adolescencia y su relación inicial con el deporte: “De los 13 a los 15 años trabajé como electricista. El fútbol me aburría, al igual que en otras etapas de mi carrera. Pero un día jugué un partido con amigos, unos agentes me vieron y me ofrecieron volver, aunque con la condición de que debía vivir como un profesional. Acepté”. Nacido en Santa Fe en 1985, contó que creció en un entorno complicado, con padres separados y una madre que siempre trabajaba. “Pasaba el tiempo jugando en la calle con mis amigos. En mi barrio había tráfico de drogas y armas. Sin el fútbol, no sé qué hubiera sido de mí”, reconoció.
Sobre su llegada al Napoli en 2007, relató: “El primero en mostrarse interesado fue el Atalanta, y hasta me ofrecieron la cifra que pedí. Pero entonces apareció el Napoli, que para nosotros los argentinos es la ciudad de Maradona. Renuncié al dinero, pero sentí que debía elegir ese club. Me sobrecogió el cariño y la pasión de los napolitanos. Aprendés a manejar y valorar situaciones inéditas, como encontrar a 50 hinchas frente a tu casa cada mañana”.
Durante su etapa en el equipo italiano disputó 188 partidos, anotó 48 goles y brindó 60 asistencias, consolidándose como uno de los jugadores más queridos en Nápoles. “Fue una experiencia maravillosa y el inicio de un proyecto exitoso. Lo disfruté muchísimo. Nada lo superará, es el lugar que más amé”, afirmó.
Finalmente, sobre sus planes a futuro, el exdelantero dejó un mensaje esperanzador: “Quiero ser alguien que no olvide lo vivido, que sepa apreciar la sencillez y disfrute de su familia. Quiero vivir. Tengo la suerte de tener dos hijos, el mayor regalo de la vida”.
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